La ópera es un arte vivo con cerca de un millón y medio de espectadores al año.

En los últimos 30 años, España ha conocido el mayor crecimiento musical de Europa. Hoy, la ópera es un arte vivo respaldado por cerca de un millón y medio de espectadores anuales atraídos por la alta calidad media de nuestras producciones en nuevos teatros ocupados con promedios del 80%. Un informe reciente sobre el impacto económico de la ópera en España, nos confirma que la ópera no es sólo el más emocionante y complejo lenguaje artístico desarrollado por el hombre a través de los siglos, sí no que también es industria y riqueza.
Cada empleo en un teatro lírico, induce otros 7. Los 94,5 millones de euros que 18 teatros de ópera recibieron de subvenciones, generaron 363, 3 millones.
Así pues, los teatros líricos multiplican sus aportaciones públicas por un 384%. Por 1 euro que entra a los teatros, salen 3,8. Creo que podemos, y debemos, sentirnos orgullosos de estas cifras.
No obstante, las graves dificultades económicas que atravesamos nos obligan a desarrollar nuevas estrategias y a profundizar en otras que ya están en la propia base de nuestra alianza en Ópera XXI. Necesitamos más apoyo, empatía y coordinación entre nosotros. Necesitamos generar impulsos comunes a favor de la creación de nuevos públicos cuya presencia afiance nuestro futuro. Tenemos que convertir en objetivos prioritarios a nuestros proyectos pedagógicos. Necesitamos potenciar nuestra adaptación a las nuevas tecnologías que nos permitan acceder a la difusión de la ópera a través de Internet y las nuevas redes sociales. Tenemos que ser más osados y apostar por nuestros más jóvenes talentos. Los tenemos. Necesitamos impulsar sinergias que no sólo refuercen nuestra política de coproducciones, sino que contribuyan a conquistar nuevos espacios para la exportación de nuestros espectáculos en ese mercado global que hoy es el mundo. En suma: gestión eficaz, excelencia artística y productividad para vencer la crisis.
Una crisis que no distingue jerarquías y que nos exige nuestro aliento a los teatros que estamos soportando mayores dificultades. Para apoyarnos, apelo a la generosidad entre nosotros y animo a todos a ser más creativos generando nuevas fórmulas de colaboración. La cultura es una empresa de todos. Necesitamos nuevos mecanismos de mecenazgo que animen al empresariado a colaborar con nosotros porque confiamos en la calidad de nuestro producto, la gran ópera, y en nuestro público, si sabemos atraerlo ofreciéndole producciones excelentemente representadas, interpretadas y cantadas.
Eso es todo, nada menos: poner en escena ese gran patrimonio universal que es la ópera en condiciones indiscutibles de calidad artística y cultural equilibrando el presupuesto y generando riqueza social.
Hoy, más que nunca, un gran reto. Sin duda. Pero nadie dijo que gestionar un teatro de ópera fuera una aventura fácil.










